“101 días, una huelga, una derrota y…” Nuevo artículo de Francisco Torres García

Quizás alguien, llevado por una ingenuidad digna de elogio, bien fuera en la derecha o en la izquierda hispana, pudiera haber pensado que la “huelga general”, en realidad huelga particular, tenía como objetivo único trasladar a la calle la teórica protesta social ante las medidas de ajuste-recorte adoptadas por el gobierno del Partido Popular. Interpretando de este modo los hechos, unos, se han afanado a la hora de exaltar la derrota sindical ya que el seguimiento de la jornada de protesta ha sido globalmente muy limitado y sólo un poco superior a lo que aconteció en la “huelga de mentirijillas” convocada en los infaustos tiempos de José Luis Rodríguez Zapatero; otros, han procurado trucar las cifras para hablar de porcentajes de seguimiento superiores al 70%, que en realidad sólo se vieron en los sectores industriales y que prosperaron merced a la acción de los piquetes coercitivos, ya que éste debiera ser su verdadero nombre.

En los “mercados”, es decir, en ese conjunto de intereses invisibles que impone ajustes y reformas a los gobiernos, y especialmente al de don Mariano Rajoy, pese a las voces alarmistas del empresariado, feroz defensor de la reforma laboral y que pide a gritos más marcha al gobierno en este campo, que por boca de su presidente nos decía que una huelga repercutiría negativamente en la imagen de España (¿ignora el señor Rosell que en Francia llevan un rosario de huelgas sin que éstas hayan empañado su imagen o credibilidad?), la huelga general, con éxito o sin él, estaba amortizada de antemano. ¿Alguien podría pensar que una reforma que atenta directamente contra los derechos de los trabajadores, que contribuye a la disminución de los salarios, a la inseguridad y al empobrecimiento no tendría una protesta airada en la calle, aunque en esta ocasión fuera una protesta realizada a través de esos organismos extraños en el Estado denominados sindicatos? Como, además, la huelga no ha paralizado el país, aunque sí algunos sectores industriales básicos, tal y como han dicho los mercados aparentemente no existe realmente una oposición social a las reformas capaz de pararlas. Es más, yo diría, que esta errónea tesis abona la posibilidad, tal y como se está viendo, de ampliarlas.

Convendría a los “mercados”, a los voluntariosos “señores de derechas” a los que cualquier protesta social provoca sarpullidos y erupciones, a los medios al servicio del gobierno que cantan, cual si fueran las gestas de Aquiles, las heroicas y acertadas decisiones de Mariano Rajoy en sus cien días de gobierno, y a tanto bobo metido a opinante orgánico que anda suelto (aquellos que según Gramschi cumplían el papel de legitimar las decisiones del poder), evitar realizar lecturas simplistas e interesadas de la realidad. El fracaso del 29-M como huelga general, como movilización social contra los ajustes-recortes del gobierno, no implica que no exista una amplia situación de descontento; al contrario, lo nos dice el 29-M es que los elementos de control de la frustración, de la indignación, que son los sindicatos y los partidos de izquierda no son aún, como ellos quisieran, los legítimos representantes de la protesta. No es que los españoles, al menos el 56% de los españoles, apoyen las reformas-ajustes-recortes, es simplemente que no otorgan a los sindicatos la legitimidad de la representación de la misma porque los consideran piezas del mismo sistema, sátrapas que tienen el mismo nivel de responsabilidad en la quiebra de España que la casta política. Probablemente, incluyendo el que suscribe, son muchísimos más los españoles que hubieran ido a la huelga de los que han ido. No lo han hecho sencillamente porque les repugna la manipulación, el mar de banderas rojas, la burocracia burguesa sindical, el ejército de liberados que vive a costa del erario público, la esquilmación del Estado realizada por unos sindicatos devenidos en ricopropietarios en muchas ciudades, el chanchullo y la subvención; porque, por múltiples circunstancias, no pueden permitirse el lujo de perder un día de trabajo; porque el gobierno, sus medios afines, sus opinantes y el inefable mariachi que les acompaña andan desde hace meses empeñados en evitar la identificación de la culpabilidad enfrentando a trabajadores con funcionarios, a funcionarios con funcionarios, a parados con parados, a autónomos con obreros; porque los mismos que se han convertido en los paganos de los caprichos de la casta, aquellos a los que se les está metiendo con total descaro la mano en el bolsillo, son aquellos que siguen creyendo que existe una Patria que no puede permitirse las pérdidas millonarias de un día de huelga.

Pero el 29-M no era en realidad una jornada de protesta contra la reforma-ajuste-recorte. Era la imagen que la izquierda quería dar de sí misma al filo de los cien días de gobierno de Mariano Rajoy, la del poder de la calle. Y no sería prudente ignorar que en toda España proliferaron importantes manifestaciones de izquierda en la tarde de la huelga general. Unas manifestaciones henchidas por lo acontecido en las elecciones andaluzas donde, como se alardea, en menos de tres meses han “parado a la derecha”, representada por ese epígono del señorito andaluz llamado Javier Arenas. Henchidas también porque las elecciones andaluzas han puesto sobre la mesa el rápido desgaste que está sufriendo el gobierno: en tres meses el PP ha perdido en Andalucía la friolera de medio millón de votos. Vociferantes, porque en la hoja de ruta de Pérez Rubalcaba está la posibilidad de que el desgaste del gobierno sea de tal magnitud que Mariano Rajoy no llegue a cumplir los dos años en la Moncloa y él está dispuesto a echar una o dos manos para ello. De ahí esas tímidas voces que hablan de un gobierno que, contando con el apoyo del PSOE, tenga como objetivo hacer frente a la crisis. Aunque otros planteen otro tipo de esperanza si llegado el momento Mariano es incapaz de hacer frente al increscendo de la calle con que amenaza una izquierda deseosa, para recuperar el poder, de ser la única usufructuaria del descontento social.

Se cierra el beneficio de los cien días. Unos, los amigos del gobierno, exaltan las decisiones de un valiente al que pedían más reformas-ajustes-recortes. Otros, cierran la centena con la protesta. Saldado, con aparatosa derrota, el tema andaluz, Mariano ha anunciado nuevos recortes confirmando la tesis de quienes afirmábamos que estaba esperando que se celebraran los comicios para que Javier Arenas pudiera ganar. Lo que, curiosamente, desde la óptica del gobierno, de los mercados y de los medios que le son afines, es la aplicación de la más estricta noción del partidismo anteponiendo la sed de poder a los intereses de España (¿no nos decían que las reformas no se podían atrasar?).

No tiene Mariano Rajoy poetas que le compongan coronas de sonetos en su honor, pero sí un florido ramillete de periodistas, tertulianos y comentaristas que han alabado como grandes hitos su Ley de Estabilidad Presupuestaria, su reforma laboral, la garantía del pago a proveedores, la Ley de Transparencia, la reforma financiera, la propuesta de emprendedores o el ignoto cambio en materia energética… son los mismos que se han apresurado a exaltar la intolerable amnistía fiscal para los dueños del dinero negro, que callan ante la necesaria persecución de la economía sumergida… Y sobre todo aplauden enfervorizados la respuesta de don Mariano a la exaltación izquierdista y a la derrota andaluza: el anunciado incremento del ignoto programa de reformas-ajustes-recortes.

No es suficiente el espacio de un artículo, que ya es excesivamente amplio, para ir desgranando las debilidades, y también las injusticias, de esas reformas-ajustes-recortes. Tiempo habrá. Ni de recordar al bueno de don Mariano la parte que tiene de la responsabilidad en la situación actual, porque él, que sí sabía que había crisis, no movió un dedo para que sus Comunidades Autónomas (Murcia o Valencia por ejemplo) acabaran con el dispendio. Ni tan siquiera para matizar la última trinchera de sus defensores afirmando que se ha propuesto, como gran heroicidad, no reducir ni las pensiones ni los sueldos de los funcionarios (aunque en realidad sí se ha producido esa reducción a la inversa). Ni de entrar en la querencia a los beneficios del titular que muestra el gobierno, como por ejemplo sucede con una Ley de Transparencia que se queda a medio camino y que en el fondo deja en manos de los políticos la aplicación de la misma, cuando lo que se tenía que hacer era simplemente aplicar los códigos vigentes.

No creo que ni una sola de las medidas aprobadas sirva para impulsar el crecimiento económico que necesitamos en porcentajes significativos, ni que contribuyan a la reactivación del consumo de forma determinante, ni que creen empleo… Mariano ha anunciado que este año perderemos otros seiscientos mil empleos. Estas medidas tienen otro objetivo, el de recaudar más y gastar menos para salvar más que a España a la propia clase política y al destructivo Estado de las Autonomías. Y lo más peligroso, lo que ya se detecta en estos cien días, es que pese a que los amigos políticos continúen diciéndonos que la inmensa mayoría de los españoles confía en la capacidad de gestión económica del gobierno, la indignación, la proletarización y el desasosiego acaben empujando a los españoles a los brazos de la izquierda. Lo he escrito en otras ocasiones: alguien debería recordar a Rajoy que el PP no ganó las elecciones, simplemente el PSOE perdió cuatro millones de votos. Lo que aparentemente puede ser igual pero no es lo mismo.

López-Diéguez hoy sábado en Telecinco.

Este proximo sabado 17 de marzo el abogado y Secretario General de Alternativa Española AES, Rafael López-Diéguez, participara en el programa que presenta Jordi Gonzalez “EL GRAN DEBATE” que Telecinco emite en directo apartir de las 22 horas.

Y el domingo 18 a las 11:30 horas asistira al acto electoral que AES Andalucia tiene previsto celebrar en el Hotel Convento Santo Domindo de la localidad cordobesa de Lucena.

El camelo de la reforma laboral

Resulta cuanto menos sorprendente la panoplia de justificaciones que está exhibiendo el gobierno para vender como maravillosa, justa y necesaria una reforma laboral que ahora entra en el imprescindible trámite parlamentario. Recordemos: en primera instancia era la reforma necesaria que, por arte de magia, iba a crear empleo en cuanto se pusiera en marcha; después, el sacrificio preciso para salir de la crisis y conseguir que los que no tienen empleo pudieran trabajar aun cuando fuera en precario y, ahora la milagrosa fórmula que no sabemos por qué intrincado conjuro, dentro de un año, más o menos, creará empleo, porque según el gobierno anuncia a lo largo de este año se destruirán seiscientos mil puestos de trabajo y el número de parados, pese al más de medio millón de españoles y extranjeros que han abandonado el país, puede que se aproxime a los seis millones.

Así pues estamos ante una “necesaria” reforma laboral que, según dicen, restará protección a los que tienen trabajo para preocuparse por los que no lo tienen y cuyos efectos positivos no se notarán hasta dentro de nueve o diez meses. Una reforma que, se pinte como se pinte, se disimule como se disimule, contribuirá a la proletarización de las clases medias, la caída de los salarios y la inestabilidad permanente en el empleo. Aderezada además con un recorte de derechos que dependerá en su extensión del grado de bondad y voluntarismo de las personas.

Como contraposición, como nivelador de la balanza, trata de contentarnos el actual titular de Economía con la afirmación de que esta reforma creará un millón de empleos. O sea, más o menos, los que van a desaparecer este año con la reforma en vigor. Lo que no dice el titular de Economía es que por fuerza el próximo año se creará empleo, con reforma o sin ella, porque la economía española habrá tocado fondo y, en buena lógica, cualquier pequeño crecimiento generará empleo, aunque ya veremos como será ese empleo. Por lo que dentro de un año, conformándose con esos pequeños crecimientos, podrá decir que su reforma ha sido “chanchipiruli”, aunque se tope en la calle con un torrente cada vez más amplio de indignados que ya poco tendrán que ver con la manipulación ultraizquierdista, pero del que la izquierda se va a beneficiar.

Dejemos claro que esta reforma laboral es, como la posible subida del IVA o la escalada del precio de los carburantes, una imposición de los mercados y de nuestro entorno. La situación del mercado laboral español, con su alta protección al trabajador, con un exceso de derechos y obligaciones contractuales, es una anomalía con respecto a otros países con la que se quería acabar. Los servidores del mercado, los que no tienen más referente que los vástagos del ultraliberalismo de las últimas décadas, creen a pies juntillas que el sistema de protección del trabajador es una barrera para el crecimiento económico, de ahí el consenso existente sobre la necesidad de la reforma que va desde los sectores más liberales de la socialdemocracia a todo el centro y derecha, incluyendo algunas facciones de lo que habitualmente se denomina extremaderecha.

Por el contrario, resulta curioso, mirando hacia atrás, que España llegara a situaciones de pleno empleo, aunque ciertamente en coyuntura distinta, teniendo un sistema de alta protección del trabajador y escasa flexibilidad del mercado laboral y que ahora se mantenga que esa política es la responsable de la altísima tasa de paro existente en España.

Dejemos claro que la reforma laboral no va a crear empleo en los términos que España necesita. Es la reforma para el reparto de la miseria y no para la creación de la riqueza. Es el parche de los que han aceptado que la economía española tenía que convivir con un paro estructural situado en cifras próximas a los dos millones de trabajadores y no hicieron nada para eliminarlo. Es la opción de los que no fueron capaces de abordar la necesaria reforma estructural de la economía española para que ésta ganara en productividad y competitividad, para que desarrollara un nuevo tejido industrial que hiciera a nuestra economía, como sucede en los países del norte, menos vulnerable a los caprichos interesados de unos mercados dominados por los grupos especulativos. Es la apuesta de los que dieron vida al gran espejismo de una riqueza ficticia basada en la especulación, el dinero fácil, la venta de los ahorros y el maná de los fondos que venían del extranjero. Por ello son tantos los que están dispuestos a aplaudirla, aunque me parece que son muchísimos más los que la vituperan porque ellos son los que van a sufrir sus consecuencias.

8 de marzo: No a la discriminación de las madres

Desde principios del siglo XX la activista alemana Clara Zetkin y la internacional comunista se apropiaron de las justas reivindicaciones de algunas mujeres sobre derecho a la participación política, la formación profesional y el trabajo, y las emplearon como excusa en su sanguinaria lucha por imponer su tiránico régimen de terror, estableciendo el 8 de marzo como fecha simbólica de recuerdo a las militantes comunistas. Hoy esa fecha se ha convertido en un ariete que la ideología de género emplea contra los pilares básicos de la sociedad, con el apoyo general de partidos políticos e instituciones públicas. Mientras el feminismo ataca a la familia y la vida y la dignidad humanas, se olvida de la verdadera defensa de la mujer y sus derechos.

Alternativa Española debe lamentar que en el ámbito laboral ser mujer sea una condición desfavorable, que empeora radicalmente para aquellas mujeres que quedan embarazadas.

AES debe denunciar la hipocresía de la izquierda y la derecha liberal, quienes multiplican los actos oficiales y las fotos de políticos en actitud reivindicativa a favor de la mujer, y hacen “sentidas” declaraciones a favor de la “igualdad”, mientras que ninguno de ellos, ni sus partidos, ni las instituciones en que gobiernan, llevan a cabo las medidas mínimas imprescindibles para que a la mujer se la considere igual laboralmente si mutilar una parte imprescindible de sí misma como es la maternidad.

Así mismo en este día de la Mujer Trabajadora, AES denuncia el desprecio social que sufren las amas de casa y quiere rendir un sentido homenaje a estas mujeres olvidadas por las administraciones, partidos y asociaciones feministas, cuyo silencioso trabajo como madres y amas de casa es impagable para la sociedad, y digno del mayor de los reconocimientos.

Por último, AES quiere recordar que las mujeres son víctimas de otra tremenda injusticia en la sociedad actual, en relación con el aborto, al que muchas son forzadas para no perder sus empleos, o directamente forzadas por sus parejas o familiares, sin que parezca importarle lo más mínimo a los adalides de la ideología de género esta forma de discriminación sexual, ni las graves consecuencias físicas y psicológicas que acarrean a la mujer.

8 de marzo de 2012

Alternativa Española denuncia ante la Fiscalía la exposición “Obscenity”

El 27 de febrero los representantes legales de Alternativa Española presentaron ante la Fiscalía una denuncia ante la posibilidad de que la exposición fotógrafo Justin Stewart, titulada en español “Obscenidad”, que se muestra en la galería madrileña Frech Gallery, pudiera ser constitutiva de un delito de ofensa a los sentimientos de una confesión religiosa tal contemplado en el artículo 525.1 del Código Penal vigente.

Alternativa Española pide al Ministerio Fiscal que, en el caso de que se esté ante un ilícito penal, se proceda a la incoación de Diligencias Informativas sobre los hechos y la determinación de las personas criminalmente responsables.

Alternativa Española, que apoya su denuncia en las reproducciones de las imágenes que se exhiben y en diversas declaraciones realizadas por su autor, considera los hechos denunciables ya que en las fotografías resulta “evidente la la utilización de la figura de Jesucristo, de la Virgen María y de monjas y sacerdotes en actitudes obscenas con explícita exhibición sexual, que suponen una ofensa, escarnio y vejación de las creencias religiosas de todas las confesiones cristianas y especialmente de la religión católica”.

AES estima que el título de la obra expuesta muestra la intencionalidad de la misma y que la utilización “de las figuras sagradas de la religión católica en actitudes obscenas, constituye por si mismo un ataque a los sentimientos religiosos de quienes creemos en la divinidad de Jesucristo y que la Virgen María es la Madre de Dios”. Además, añade en su escrito, de que las declaraciones efectuadas por su autor sobre el sentido de la exposición ponen de manifiesto la intencionalidad del mismo de ofender los sentimientos religiosos.

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Feliz Navidad

AES Almería desea a todos los almerienses de bien una feliz y santa Navidad

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El aquelarre de San Sebastián es nuestro particular “Día de la infamia”

La pretendida “Conferencia de Paz” celebrada en San Sebastián ha supuesto un triunfo de ETA y del mundo aberzale y constituye un atentado, tolerado y consentido por el gobierno español, contra la soberanía nacional.

AES quiere denunciar la connivencia con los terroristas de un gobierno que permite que se celebre una pretendida “Conferencia de Paz” como si en España existiera un “conflicto bélico” y no la existencia de una vulgar banda de asesinos.

AES considera que ETA ha conseguido con esta reunión, a la que se le ha dado desde las instituciones y el gobierno cierta credibilidad, alcanzar dos de sus objetivos: primero, en su lenguaje “internacionalizar el conflicto”; segundo, legitimar la lucha terrorista.

AES quiere subrayar que el comunicado final de la “pantomima” de San Sebastián es intolerable ya que, entre otras cosas, pide a estados soberanos, como Francia y España, que negocien con los terroristas y coloquen en plano de igualdad a los verdugos con las víctimas al reconocer la existencia de víctimas por ambas partes. No cabe mayor insulto a las víctimas.

AES exige que se abra una investigación y se aclare cómo se ha financiado la “pantomima” de San Sebastián y quién ha pagado los viajes y estancia de los asistentes.