¿Cadena perpetua? Olvídense.

pacotorres
La reclamación de la implantación de la cadena perpetua en España es un tema recurrente que, desgraciadamente, vuelve a primera plana cada vez que se produce un asesinato como el de la niña Mari Luz o el de Marta del Castillo.

La conmoción social que acompaña la publicación de los detalles de los crímenes, la faz sonriente de los criminales, la idea de que los asesinos a duras penas si cumplirán algunos años de cárcel hacen que la sociedad civil reacciones y pida la inclusión en el Código Penal de la cadena perpetua.

Fundamentalmente por el amplio apoyo social, por el extendido consenso que despierta en la sociedad civil, los partidos juegan con las palabras para granjearse simpatías. Todos recordamos las buenas palabras del presidente José Luis Rodríguez Zapatero al padre de la niña Mari Luz; lo aparentemente receptivos que estuvieron, gobierno y oposición, ante las multitudinarias recogidas de firmas apoyando la petición. Pero no podemos olvidar que la misma respuesta suscitó el asesinato de Sandra Palo y su asesino se pasea hoy tranquilamente por las calles de España.

Los padres de la joven sevillana Marta del Castillo vuelven a pedir que se aplique la cadena perpetua a los asesinos de su hija. Quieren entrevistarse con el presidente del gobierno y esperan que los partidos les apoyen.

El Partido Popular, como siempre, ha buscado la mejor forma de aprovechar la indignación popular hablando de su apoyo al endurecimiento de las penas, buscando así que todos lean que secundan la petición de los padres, pero sin comprometerse (¡Cómo se va a comprometer Mariano!) a incluir en su discurso y en su programa la introducción de la cadena perpetua. El PSOE, que también apoya a los padres, se escuda en el hecho de que no tiene cabida en el texto constitucional.

La realidad es que ambos partidos, PP y PSOE, comparten la tesis de que sobre los derechos de los ciudadanos honrados, sobre los derechos de las víctimas, siempre debe situarse el sacrosanto derecho a la reinserción del criminal. Esa es su filosofía. La responsable, en última instancia, de que un asesino como el de Marta se permita el lujo de reírse ante las cámaras.

Francisco Torres

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